August 15th, 2007
Experiencias de no cualquier joven
Hace muy poco, tuve la oportunidad de entrevistar a un políglota, es decir a una persona que domina más de cuatro idiomas. Quien atendió mi requerimiento periodístico podía hablar, escribir y leer en italiano, sueco, catalán, portugués, francés, inglés, rumano, chino mandarín, gallego, español y un par de perlas más. Era una locura. Sobre todo porque tenía 18 años. Y se había hecho con una decena de lenguas en menos de una década.
Tuvimos un corto diálogo en su casa. No me explicaba cómo un joven colegial había desaprobado un par de cursos en tercer año de secundaria y había sido obligado, por su haragana circunstancia, a empezar a aprender algo. De la nada, se atrevió a hurgar por cursos de lenguajes en
la Internet. Y descubrió un maravilloso método de rumano. Fue su inicio. El primer paso de una etapa en la que se acostumbró a utilizar la prodigiosa masa cerebral que la genética le dio. En la vida, de manos de Dios.
Pero hoy no deseo llenarle de datos biográficos sobre este genio imberbe. Sino hacer notar la forma en la que él aprende. Porque su meta es llegar a conocer 30 idiomas. O más. Me reveló, por ejemplo, entre otras cosas, que su aprendizaje no es lineal, es decir no se circunscribe al estudio consecutivo de una lengua tras otra: las repasa (todas) todo el tiempo. Incrementa su capacidad en los diferentes lenguajes al mismo tiempo. Y ello a partir de una técnica personal que sueña compartir con la humanidad en forma de un libro. Ya cuando esté más avanzado.
Le gusta asociar vocablos del español con el portugués y el castellano con el italiano. Y de tal forma con los demás lenguajes. Cree, además, que la gramática es sólo un estadio del dominio de un idioma. Es sólo una parte, a la que a tradicionalmente se le presta más atención. Él confía más en la actitud independiente y creativa de los aprendices, quienes, en su juicio, deben generar elementos comunes de recordación entre palabras de distintas lenguas y practicar los vocabularios en todo momento. Adicionalmente, cree crucial no detener nunca el proceso de aprendizaje. Para tal efecto, es útil unir a nuestro léxico un par de vocablos diariamente.
De alguna forma, es un joven normal que se ha atrevido a hacer lo que le gusta. Su experiencia enseña mucho, pues demuestra la importancia de crear métodos propios para asimilar un idioma. Además, critica la pasividad y dependencia en la que tendemos a caer cuando somos militantes de un grupo de académicos ‘de sólo un momento”. Seré claro: con frecuencia, hablamos el lenguaje que estudiamos sólo en nuestras aulas. Y ello, por más que lo ignoremos, va en contra de la actitud más saludable y productiva que puede albergar un estudiante: la independencia.
Esta postura garantiza que cuando nos trunquemos, sabremos cómo revertir la situación. Es importante detenerse a pensar, aunque sea sólo un par de minutos, qué tan autónomos somos al momento de estudiar el italiano. Qué tanto esfuerzo hemos impreso en nuestros lecciones para llegar a conocer lo que sabemos. Nunca es tarde.
